Historia de la calle de Leganitos

Historia de la calle de Leganitos

Cuenta la tradición que el origen de su nombre proviene del vocablo árabe “algannet”, que se traduce como “huertas”, o sea, esto se debe a la presencia de huertas que supuestamente se encontraban en los altos de estos terrenos.

Estos terrenos que supuestamente existían en tiempos del “Madrid morisco” pasaron pues al control del desaparecido Monasterio de San Martín cuando la ciudad fue tomada definitivamente por los cristianos.

Sea cierto o leyenda, este áspero terreno marcado por una profunda pendiente fue el hogar de los prados y fuente de Leganitos muchos siglos después, seguramente para aprovechar el terreno favorable para así realizar dichas labores y el arroyo que transcurría cuando llovía y que se desviaba así por la Cuesta de San Vicente hasta desembocar en el Manzanares.

Hoy en día nos resulta impensable pero junto a la Plaza de Oriente y el terreno del actual Senado había un enorme barranco que fue salvado con sucesivas obras, intentando así acomodar el terreno de alguna manera.

Leganitos no es una excepción ya que aquí se encontraba el barranco más profundo de todos, salvado así por una alcantarilla y puente, construidos en 1618 y pasar por la zona en tiempo de lluvias era entonces tan peligroso que incluso en el siglo XIX los madrileños evitaban la calle en lo posible.

La calle Leganitos durante la mayor parte de su historia se extendía hasta parte de la actual calle Princesa, desbordando a la altura de la Cuesta de San Vicente, cuando la Plaza de España era un enorme barranco o cuando fue ocupada por el Cuartel de San Gil.

Tan peligroso era el terreno que se cuenta como un soldado de Caballería de Montesa, caminando desde la plaza de Afligidos, actual plaza de Cristino Martos, subiendo por Leganitos apareció muerto a cusa de las aguas al pasar por el lugar un noche de intensa lluvia.

A pesar de ser una calle un tanto difícil de transitar, escondida y oscura, cuenta con muchas historias, así en el número 5, el literario Jaime Balmes realizaba su periódico Pensamiento de la Nación desde el taller que se encontraba aquí y fue homenajeado con una placa conmemorativa por la Asociación de la Prensa en 1944.

En el número 13, vivió Ventura Rodríguez, uno de los mayores arquitectos del siglo XVIII, que fue pues el maestro encargado de la reforma del Salón del Prado, junto con Cibeles y Neptuno, y de otros grandes proyectos de Madrid. En el mismo número también vivió Hartzenbusch, dramaturgo que compuso “Los amantes de Teruel”.

Bajando un poco la calle llegamos al número 35, donde se encontraba la famosa “Casa de los Capones”, nombre popular que recibía el antiguo colegio Real de Santa Bárbara, creado por Felipe II en 1590.

En época de Fernando VI el colegio estaba dirigido por Farinelli, llegando a ser escuela de castrati, niños castrados para facilitar la creación de sopranos y tras ser clausurado el propio colegio en época del rey Fernando VII y la docencia musical pasó al Conservatorio de Música de Madrid.

También en el 35 vivió y murió Doménico Scarlatti, magnífico compositor italiano que vino a España para ser el profesor de música de la reina Bárbara de Braganza, a la que había dedicado su formación musical desde que era princesita en Portugal.

Residió en Madrid desde 1733, en Antón Martín, y pudo observar el incendio del Alcázar al año siguiente, pero además, llegó a colaborar con el marqués de la Ensenada en algunos proyectos y ser director de los teatros en Madrid y en Aranjuez.

Una de las leyendas más conocidas que ha tenido lugar en esta calle es la de San Francisco de Asís, o sea, volvía San Francisco de predicar a las gentes de un caserío de la zona cuando se cruzó con un delincuente que huía de hombres armados que le perseguían.

Este hombre le rogó que no le delatara a las autoridades si le preguntaban por él y cuando se cruzó con sus perseguidores y estos le preguntaron sobre si sabía por donde había pasado el delincuente, resulta el que San Francisco se cruzó de brazos y dijo que por Leganitos no había pasado.

Se dice que en memoria de estos hechos, al edificarse la casa de los duques de Arjona en estos terrenos durante el siglo XV, se colocó así una hornacina en la esquina de la casa con la estatua en piedra del santo con los brazos cruzados y metidos en sus anchas mangas. 

Fuente: https://gatopormadrid.com/2023/02/17/calle-de-leganitos-origen-e-historia/

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