José María Mathé Aragua

José María Mathé Aragua

José María Mathé Aragua fue un ingeniero militar que nació en San Sebastián el 26 de septiembre de 1800 que se especializó en el levantamiento de planos orográficos e hidrográficos y tradujo obras de ingeniería.

Fue director de las obras del puerto de Castro Urdiales y además desarrolló el sistema de telegrafía óptica , o sea, que a él se le debe el asesoramiento y creación de la red de telegrafía eléctrica en España. 

Comenzó su carrera como cadete, siendo subteniente en 1819 y al año siguiente pasaría así al Cuerpo de Ingenieros de la Armada y en 1824 sería Alférez de fragata. 

Además, en 1837 prestaba sus servicios en el Almirantazgo y al año siguiente fue ascendido a capitán de fragata y pasó a formar parte del Cuerpo de Estado Mayor hasta que en 1840 fue coronel de Artillería de Marina.

En 1844 aparece ya con el rango de Brigadier de caballería y Coronel de Estado Mayor, pues gracias a ell en 1845 se le nombra miembro de la Comisión que había de ocuparse pues del levantamiento de la Carta General de España. 

Por último, el 31 de junio de 1856 sería nombrado Director General de Telégrafos, cargo que entonces así ocuparía hasta su jubilación el 13 de agosto de 1864 y tras alcanzar el grado de General, falleció entonces en Madrid en 1875.

A mediados del siglo XIX varios países buscaron un medio de comunicación que superara en velocidad a los habituales correos náuticos y terrestres, o sea, que muchos países, tras intentos fallidos, adoptaron el sistema francés de telegrafía óptica, conocido como de Chappé, pero España e Inglaterra serían entonces la excepción, o sea, que desrrollaron sus propios sistemas.

En España, en 1844, se presentaba una convocatoria para el desarrollo de un telégrafo óptico, o sea, que se presentaron cuatro proyectos, entre ellos el del Coronel de Estado Mayor Mathé que sería el ganador.

El diseño de Mathé consistía en un bastidor con tres franjas negras alternadas con otras blancas que eran más anchas, interrumpidas todas ellas en el centro, dejando una columna abierta por la que se movía así verticalmente una pieza de altura igual a la de las franjas negras.

Esta pieza, o indicador, podía adoptar doce posiciones con respecto a las franjas, según estuviera en el centro de las blancas, en éstas, tangente a una de las negras adyacentes, o coincidiendo con las negras y cada una de las doce posiciones correspondía a uno de los signos 0, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, m, x.

El movimiento del indicador se efectuaba por una cadena, a partir de un torno accionado por medio de una manivela y de cuyo eje era solidaria una gran rueda dentada dividida en doce partes así identificadas con cada uno de los signos.

El sistema se montaba sobre una torre y la lectura se realizaba por medio de prismáticos, circunstancia así que permitía la lectura de las señales a una distancia aproximada de 10 Km, que era la distancia a la que debían disponerse las torres.

La transmisión de información no tenía lugar palabra a palabra, sino mediante frases completas que así estaban preestablecidas, codificadas y organizadas en un diccionario fraseológico y así pues los temas que abarcan las frases eran:

  • Salud de la familia real.
  • Movimiento de barcos de guerra.
  • Movimiento de tropas.
  • Cortes.
  • Orden público.
  • Nombramiento y cese o dimisión de altos funcionarios.
  • Requisitorias y fechas.
  • Cálculos, bolsa, cambios y Loterías.

Las torres, donde quedaban instaladas las antenas, eran pequeñas fortificaciones, o sea, en su interior se alojaba una guarnición compuesta por tres hombres, que eran antiguos militares pues dos de ellos eran conocidos como torreros, o sea, uno para vigilar el horizonte y el otro para manejar los mecanismos de la antena.

Imagen de un telégrafo óptico

El tercer hombre era un ordenanza, un ayudante que tras un período de prácticas se convertiría entonces en torrero siempre según el reglamento, tenía la obligación de, en caso de falta de visibilidad, llevar los mensajes urgentes a pié hasta la siguiente torre, siempre portando fusil reglamentario.

Las líneas: al principio se pensaron en construir numerosas líneas de comunicaciones, pero tan solo llegarían a construirse tres:

  • Línea Madrid-Valencia-Barcelona-La Junquera: Funcionó parcialmente a partir de 1844 y contaba con 30 torres.
  • Línea Madrid-Toledo-Ciudad Real-Córdoba-Sevilla-Cádiz: Contaban con 59 torres.
  • Línea Madrid-Valladolid-Burgos-Vitoria-San Sebastián-Irún. Operativa desde 1846 hasta 1855 y que contaba con 52 torres y una de ellas situada en el Castillo de La Mota.

Por desgracia, el sistema de comunicaciones creado por Mathé, no duraría mucho tiempo, o sea, tan sólo entre 10 o 12 años ya que sería sustituido por las líneas de telégrafos eléctricos, mucho más eficientes y menos costosas de mantener. 

En 1857, el gobierno español, abandonó definitivamente el sistema de telegrafía óptica de Mathé en favor de la telegrafía eléctrica, quedando sólo en servicio algunas líneas secundarias.

La red no desaparecería inmediatamente, o sea, algunas redes ópticas siguieron siendo usadas así en las regiones montañosas catalanas y en el Bajo Ebro.

Incluso la última línea de telegrafía óptica, que se extendía pues por las provincias de Tarragona, Teruel, Zaragoza, Valencia y Castellón, sería terminada en 1875, año en que fallecería José María Mathé.

En 1852, el Gobierno encomendó a Mathé, el estudio de los sistemas de telegrafía eléctrica, para ser así adoptado en España y tras cinco meses de estudio entregó la memoria en que exponía las ventajas de ésta frente a la óptica.

A instancias del propio Mathé se escogió el telégrafo de Morse y su respectivo código, o sea, ese mismo año y con un presupuesto de 1.544.720 reales empezó la construcción del telégrafo eléctrico.

A lo largo del año de 1854 se cursarían los primeros telegramas desde Guadalajara a Madrid y luego le seguirían desde Zaragoza, Pamplona, Bilbao, San Sebastián (el cual sería enviado el 22 de octubre) e Irún.

Con la llegada del telégrafo eléctrico a Irún posibilitó la primera conexión internacional telegráfica, o sea, en noviembre de 1854 se transmitió el primer telegrama entre Madrid y París cuyo contenido trataría así sobre el discurso de la apertura de las Cortes Constituyentes españolas por la reina Isabel II.

Además, por deseo expreso de la reina, la red de telegrafía eléctrica española fue de carácter público, a diferencia de la red de telegrafía óptica, que estuvo al servicio exclusivo del estado.

Como curiosidad cabe reseñar, que a diferencia de lo que ocurría en otros países, en España, al no estar desarrollado el ferrocarril, las líneas telegráficas no seguían el curso de las vías ferroviarias, sino que así discurrían por caminos atravesando los campos y las montañas.

Fuente: http://donostiando.blogspot.com/2014/01/jose-maria-mathe-aragua-el-inventor-del.html

Related Post

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *