Un sueño convertido en realidad: la travesía épica de dos caballos criollos

Un sueño convertido en realidad: la travesía épica de dos caballos criollos

Gato y Mancha eran caballos criollos, nacidos en la Patagonia y adquiridos al cacique tehuelche Liempichún por Emilio Solanet, un veterinario y dirigente radical (llegó a ser diputado nacional) que poseía la estancia El Cardal en Ayacucho, provincia de Buenos Aires. Allí fueron domados los dos ejemplares.

Esta historia particular y la gestación de este increíble recorrido había comenzado cuando Emilio Solanet, quien unos años antes había sido uno de los fundadores de la Asociación de Criadores de Caballos Criollos, recibió una carta de  Aimé Félix Tschiffely, en la que le exponía su plan y para ello necesitaba comprarle un par de animales para demostrar la nobleza y superioridad del caballo criollo por sobre el resto.

En principio, Solanet rechazó la venta debido a que consideraba el viaje una locura y no creía que un profesor suizo pudiera siquiera llegar “a Rosario” con los caballos. Sin embargo, Aimé había encontrado a la persona adecuada, ya que Solanet era un apasionado criador, médico veterinario y profesor universitario. Su primera reacción fue negarse a la solicitud de este profesor que trabajaba en el colegio de San Jorge en Quilmes. No obstante, después de conocerlo mejor, decidió regalarle dos ejemplares: Gato, un caballo de 16 años con pelaje gateado; y Mancha, un overo de 15 años. Antes de eso, sometió a Tschiffely a un riguroso entrenamiento a caballo, que incluía largas cabalgatas bajo el sol abrasador, lluvias torrenciales y fuertes vientos.

Después de eso, Tschiffely regresó a Buenos Aires y, a pesar de la incredulidad de la prensa de aquel entonces, partió desde la sede de la Sociedad Rural Argentina el 24 de abril de 1925. Durante el transcurso de tres años y 149 días, el suizo y sus caballos criollos recorrieron un total de 21.500 kilómetros, divididos en 504 etapas, hasta llegar a la ciudad de Nueva York.

En el camino, el jinete suizo y sus caballos pasaron por diversos países, cruzaron en varias oportunidades la Cordillera de los Andes y alcanzaron el récord mundial de altura para estos animales, al atravesar el paso El Cóndor, entre Potosí y Challapata, a unos 5900 metros sobre el nivel del mar. Además, soportaron las condiciones más extremas: en el paso récord enfrentaron temperaturas de -18 ºC, pero también se expusieron en las 30 leguas de Huarmey a Casma, Perú, a calores colosales: ¡52 ºC a la sombra! sin agua, ni forraje, solo arena. Los cascos de los animales se hundían permanentemente de 6 a 15 pulgadas en la arena candente.

En el libro La travesía de Tschiffely de Buenos Aires a Washington con Mancha y Gato, Aimé cuenta su hazaña: “Desde la Argentina llegúe al norte, por valles profundos, sobre montañas heladas y rocosas de más de 5000 m de altura; descendí luego a las selvas húmedas y desiertos calurosos, crucé el istmo de Panamá, pasé por América Central y México y así llegué Estados Unidos. Arribé a Washington con los mismos dos caballos que tenía al partir, animales que contaban quince y dieciséis años cuando inicié mi viaje. Alejado de ciudades y puertos –muy lejos de las asechanzas de los hombres blancos–, corrió mucha parte de mi solitario camino. Un campamento nocturno llegó a levantarse muy lejos de cualquier vivienda humana; comí y dormí con antiguas tribus indígenas en aldeas de piedra más antiguas que los incas”.

En otro tramo, Aimé describe: “Lo que es particularmente compensador para mí es el convencimiento de que pude demostrar que el caballo criollo argentino es digno de la reputación que siempre tuvo entre los pocos que realmente lo conocen, es decir, la de que no cede a ninguno en el trabajo duro y continuado en cualquier condición. Mis dos amigos, Mancha y Gato, han demostrado una capacidad de resistencia al calor, al frío, al hambre, y a todas las penurias imaginables, que ha sorprendido hasta a los más entusiastas de los admiradores de la raza. Y el doctor Emilio Solanet, quien me los regaló, ha debido, por cierto, enorgullecerse de ellos”.

La travesía comenzó el 24 de abril de 1925, saliendo desde el predio ferial de Palermo y el recorrido por Buenos Aires duró hasta agosto del mismo año. Entre agosto y octubre, atravesaron Bolivia. Luego, el tramo de Perú se llevó a cabo entre octubre de 1925 y mayo de 1926. El itinerario entre Ecuador y Colombia se realizó entre mayo y diciembre de 1926. El trayecto por Panamá, Costa Rica, El Salvador y Guatemala transcurrió entre diciembre de 1926 y julio de 1927. La etapa en México duró desde julio de 1927 hasta febrero de 1928. El tiempo total hasta llegar a Nueva York fue desde febrero de 1928 hasta la llegada triunfal el 21 de septiembre de 1928, cuando el alcalde de Nueva York, James John Walker, recibió a Mancha y a Aimé Félix Tschiffely, quien estaba vestido con su ropa de gala, en las puertas del City Hall (Gato tuvo que quedarse en la ciudad de México al ser lastimado por la coz de una mula). Habían transcurrido tres años y 149 días después de haber partido desde Buenos Aires, Tschiffely hizo su ingreso triunfal en Nueva York. Allí habían llegado las noticias de su travesía, por lo que también fue recibido con honores.

En el libro que publicó posteriormente, el suizo narró sus vivencias ante el fin de la hazaña:

“Quedé hechizado durante largo rato, miré a mis caballitos criollos y luego a esas enormes moles de cemento y acero: uno, producto de las llanuras de la Patagonia, áridas y barridas por el viento; las otras, fruto del trabajo de cerebros humanos, de su iniciativa, ciencia y habilidad. Antes de darme cuenta de ello, hablaba otra vez con mis caballos: ‘Sí, viejos, esto es Nueva York, pero yo sé que las pampas argentinas los llaman. Tengan paciencia, los llevaré de vuelta porque bien se lo merecen’”.

Luego Tschiffely fue recibido en Washington por el entonces presidente de los Estados Unidos, Calvin Coolidge, y su viaje llegó a la tapa de la revista National Geographic, una de las más prestigiosas de la época. De vuelta en Nueva York, el suizo recorrió la Quinta Avenida a lomo de Mancha y escoltado por la policía de la ciudad. Además, los dos ejemplares fueron expuestos en el Salón Internacional del Caballo en el Madison Square Garden.

Aimé Félix Tschiffely y sus dos caballos, Gato y Mancha,  regresaron a Buenos Aires en el vapor “Pan America”, lo iban a hacer en otro que terminaría naufragando. Llegaron a la Dársena Norte el 20 de diciembre de 1928. Gato moriría el 17 de febrero de 1944 a los 36 años y Mancha, el 24 de diciembre de 1947 a los 40 años. Los enterraron en El Cardal. Por indicación de Solanet, un taxidermista rescató sus cueros y ambos caballos se exhiben en el Museo del Transporte de Luján.

El jinete suizo falleció en Londres el 5 de enero de 1954. El 13 de noviembre de ese año llegaron sus restos a la Argentina y fue inhumado, en medio de un impresionante homenaje gauchesco, en el cementerio de la Recoleta. Desde el 22 de febrero de 1998, las cenizas de Tschiffely descansan en El Cardal, en el mejor de los lugares, junto a sus fieles amigos.

El 20 de septiembre fue declarado Día Nacional del Caballo en la Argentina, la fecha fue instaurada por la Ley 25.125 en 1999. La normativa dio el marco institucional a la iniciativa de la Federación Ecuestre Argentina (FEA), que propuso festejar la importancia de este animal, con el fundamento de un “homenaje a la participación del equino en la organización histórica y económica, y en la vida deportiva de la Argentina”.

Fuente: https://www.catalogorural.com/noticias/gato-y-mancha

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