La Santa Compaña

Durante siglos, y aún a día de hoy, la Santa Compaña  se ha convertido en una de las leyendas más extendidas de Galicia, con estrecha relación con el Camino de Santiago.

La Santa Compaña es una leyenda popular de Galicia y el noroeste de la península ibérica, sobre una procesión de ánimas, pero además, está también presente en la mitología asturiana (donde es conocida como la Güestia), en zonas como León (provincias de Zamora, León y Salamanca), Extremadura, norte de Portugal, y por extensión a toda su frontera con España, es muy conocida así en los lindes con Huelva, sobre todo en Ayamonte, Villablanca y toda la ribera del Guadiana.

Además de todo ello, también aparece en otras zonas de Castilla, bajo la denominación de Estantigua, incluso en zonas de Granada (provincias de Malaga, Granada y Almería).

Algunos de los elementos concurrentes en el mito parecen provenir de la Cacería salvaje o incluso Mesnie Hellequin, un mito de origen germánico muy difundido por toda Europa.

Aunque el aspecto de la Compaña varía según la tradición de diferentes zonas, la versión más extendida afirma que está formada por una comitiva de almas en pena vestidas con túnicas negras con capucha que vagan durante la noche.

Esta procesión de ánimas forma dos hileras, van envueltas en sudarios y con los pies descalzos, cada fantasma lleva una vela encendida y su paso deja un olor a cera en el aire donde vemos que al frente de esta compañía fantasmal se encuentra un espectro mayor llamado Estadea.

La procesión va encabezada por un vivo (mortal) portando una cruz y además un caldero de agua bendita seguido por las ánimas con velas encendidas, no siempre visibles, percibiéndose su presencia en el olor a cera y el viento que se levanta a su paso.

Esta persona viva que precede a la procesión puede ser hombre o mujer, dependiendo de si el patrón de la parroquia es un santo o una santa.

También se cree que quien realiza esa «función» no recuerda durante el día lo ocurrido en el transcurso de la noche, y únicamente se podrá reconocer a las personas penadas con este castigo por su extremada delgadez y palidez donde cada noche su luz será más intensa y cada día su palidez irá en aumento.

No les permiten descansar ninguna noche, por lo que su salud se va debilitando hasta enfermar sin que nadie sepa las causas de tan misterioso mal. De esta forma, están condenados a vagar noche tras noche hasta que mueran u otro incauto sea sorprendido (al cual el que encabeza la procesión le deberá pasar la cruz que porta).

Caminan emitiendo rezos (casi siempre un rosario), cánticos fúnebres y tocando una pequeña campanilla, y a su paso cesa previamente todo ruido de animales en el bosque: solo se escuchan unas campanas. Los perros anuncian la llegada de la Santa Compaña aullando en forma desmedida y además los gatos huyen despavoridos, realmente asustados.

Se dice que no todos los mortales cuentan con la facultad de contemplar la «Compaña». Elisardo Becoña Iglesias, en su obra La Santa Compaña, el Urco y los Muertos explica que según la tradición tan solo hay ciertos «dotados» que poseen la facultad de verla: solo los niños a quienes el sacerdote, por error, resulta que ha bautizado usando óleo de los difuntos poseen de adultos la facultad de ver la aparición. Otros, no menos creyentes en la leyenda, habrán de conformarse con sentirla, intuirla, etcétera.

Para librarse de la maldición de sumarse a la peregrinación de la Santa Compaña debe dibujarse en el suelo un círculo y entrar en él o bien acostarse boca abajo, o llevar una cruz encima, rezar sin escuchar los cánticos de la Santa Compaña o bien (en última instancia) salir corriendo.

Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Santa_Compa%C3%B1a

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