El OVNI de Conil

El OVNI de Conil

El conocido como «Caso Conil» es uno de los más célebres sucesos ufológicos sucedidos en España, y más concretamente en la playa de los Bateles de Conil de la Frontera (Cádiz).

Según los hechos relatados así por los cinco testigos del caso (Isabel Sánchez (17), Lázaro Sánchez (14), Pedro Sánchez (19), Loli Bermúdez (23) y Pedro González (21), el 29 de Septiembre de 1989 acuden a la mencionada playa porque hacía ya varios días que habían estado pues observando desde el pueblo la evolución de extrañas luces en el cielo cerca de la costa.

Bajaron pues a la playa cuando ya estaba desierta, alrededor de las 20:45 pudieron observar un OVNI con forma de media luna (con unas luces rojas en el interior).

El semicírculo se dirigió en silencio hacia el pueblo y poco después, sobre las cabezas de los muchachos, surge otra luz que lleva a cabo una serie de fogonazos a lo que responde una tercera luz ubicada sobre el puerto.

Los jóvenes contemplan los tres OVNIS con unos prismáticos de 7×50 aumentos y hacia las 21 horas, sentados en la arena y a unos cincuenta metros del agua, los testigos ven aparecer en la orilla a dos seres de unos 2,15 o 2,5 metros de altura, vestidos con una especie de túnicas blancas sin distirguirse en ellos ningún rasgo facial.

Los testigos del OVNI de Conil.

Los seres, con los brazos pegados al cuerpo y unos andares torpes, se dirigen hacia el grupo y entonces cunde el pánico entre los jóvenes que huyen, pero entonces los humanoides se detienen y, al poco, los muchachos hacen lo mismo.

Se hallan a veinte o treinta metros y entonces los seres giran y dan la espalda a los cinco testigos, o sea, parecen observar la luz roja que permanece inmóvil sobre el puerto de Conil.

En esos instantes, los vecinos ven caer lo que denominan una «estrella fugaz», o sea, es una luz pequeña, como una pelota de tenis y de un color blanco-azulado.

Dibujo de los OVNIS observados por los testigos.

Surge a escasos metros sobre las cabezas de los seres y se esfuma cuando parecía que iba a chocar pues contra ellos y acto seguido, y sin inmutarse, los dos seres se sientan en la arena y excavan así un pequeño montículo a su alrededor, o sea, la «muralla» tiene forma de herradura.

Segundos después, según los testigos, «se dejan caer de espaldas, siempre tiesos como palos», pues en ese instante aparece entonces una esferita azul (como una pelota de tenis) y los seres entonces empiezan a pasársela de uno a otro.

La secuencia se prolonga durante cinco o diez segundos y de pronto, uno de los jóvenes, que seguía la escena con los prismáticos, sale huyendo y es cuando otro de los testigos consigue detenerlo, pues le explica que ha visto un tercer ser, al pie de los que se hallaban tumbados en la arena observaron cómo aparecía, más alto que los otros dos, de unos 3 metros de envergadura, dotado de una enorme cabeza blanca con forma de pera invertida, con el cuerpo negro y sin rasgos distinguibles.

Tras ello, y pasados unos segundos resulta que los dos seres de blanco reaparecen, pero en esta ocasión transformados en una pareja «humana» normal de la zona.

Así pues, surgió un hombre rubio vestido con vaqueros y una mujer morena con falda que se marcharon de la playa sin decir nada, mientras el tercer humanoide se quedó en la playa envuelto en una especie de neblina.

Diagrama de las distintas posiciones durante el avistamiento de los supuestos extraterrestres de Conil.

Algunos gaditanos investigaron después quién podría ser esa pareja, y lo que descubrieron les inquietó todavía más, o sea, resultó que eran dos turistas alemanes que estaban hospedados pues en un hotel del pueblo, pero lo curioso de todo es que esta pareja jamás había viajado a Conil.

Dos de los muchachos salieron tras el enorme ser enfundado en negro, pero la persecución duraría poco y el resto de los testigos, lógicamente alarmado, reclamó a gritos a sus compañeros, o sea, que cuando estos se detuvieron, el ser hizo lo mismo dando la cara a los jóvenes.

«Estaríamos a cincuenta o sesenta metros cuando giró hacia nosotros», manifestaron. «Los ojos eran como dos huevos negros y la cabeza, enorme, parecía una pera al revés. El espanto nos obligó a huir…»

El ser de negro se perdió en la oscuridad (iba deslizándose por el suelo flotando a escasos centímetros del mismo) y las luces que habían permanecido en lo alto, intercambiando destellos, desaparecieron pues igualmente y eran las 21.30 horas, aproximadamente.

En la playa quedaron las marcas de aquella estancia de estos seres y unas huellas, eran huellas extrañas de pie «desnudo» de unos 45 centímetros de longitud por 15 centímetros en su parte ancha.

Destacaba como en la anatomía del pie, su puente, aparecía curvado y con el dedo pulgar mucho más desproporcionado que el resto y además las huellas presentaban así el mismo grado de impresión en la arena, como si el «hombre» tuviera el mismo peso que la «mujer».

Los cinco chicos aseguraron una y otra vez que ni habían bebido ni consumido drogas, ya que tras contar en el pueblo lo que habían observado, fueron incluso objeto de vigilancia por parte de la policía local, ya que muchos no les creían.

Unos quince días más tarde, un policía e investigador llamado Jesús Borrego, se hizo entonces cargo de la investigación del caso, o sea, mientras entrevistaba a los cinco testigos, aseguró haber visto él mismo a los mencionados seres en la playa: «Unos seres de más de dos metros, con una frente muy grande y una melena larga. Yo me quedo entumecido en unas décimas de segundo y miro a una de las chicas que unos días antes había tenido la experiencia del primer avistamiento. Le pregunté: Loli, tú que piensas de esto, y ella me contestó que eran los mismo que habían ellos días antes”.

Borrego y los chicos fueron testigos de cómo la pareja de seres se dirigía hacia el mar desapareciendo en el proceso, pero dejando tras de sí huellas de pie muy grandes en la playa, y que se perdían en el agua.

Investigaciones posteriores sostienen que lo que habían visto aquellos gaditanos eran en realidad dos operarios británicos de una red de telefonía que estaban trabajando, no obstante, dicha versión fue pues totalmente desacreditada por diversos ufólogos de renombre como el propio J. J. Benítez.

En efecto, se aseguraba que el buque cablero británico C. S. Monarch, se hallaba ese 29 de septiembre de 1989 frente a las costas de Conil, pero J. J. Benítez averiguó que el buque se encontraba a unos cincuenta y cinco kilómetros al Oeste de la playa de Los Bateles, o sea, imposible de distinguir desde el lugar donde se encontraban los cinco testigos.

El Caso Conil sería así pues, de ser absolutamente cierto, un extraordinario caso de supuesta «infiltración» alienígena en nuestra sociedad, o sea, algo tan extraño como perturbador, y a la vez difícil de creer, como lo es por la veracidad de los testimonios.

No obstante, a fecha de hoy sigue contando también con sus detractores, los cuales se basan en el hecho de que en aquellas fechas, tanto el CESID (actualmente CNI) como el BND alemán estaban entonces muy operativos en la zona de Conil, antes, durante y después de los acontecimientos narrados por los jóvenes.

Por ello, esto podría, o no, explicar los fenómenos observados por aquellos testigos en esa inquietante noche del 29 de Septiembre de 1989 en Conil.

Fuente: https://laexuberanciadehades.wordpress.com/2022/06/17/ovnis-extraterrestres-y-fenomenos-extranos-en-conil/

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