El Pantáculo Martinista

El Pantáculo Martinista

La palabra Pantáculo es, en realidad, un neologismo martinista, ya que esta palabra no aparece en los diccionarios. También es importante mencionar que se escribe con la vocal “a”, y por lo tanto, no debe confundirse con su palabra homónima “Pentaculo” (escrita con la vocal “e”). 

Este último deriva de la palabra griega pente y su significado es cinco, lo que explica que se utilice pues a menudo para designar un talismán con forma de estrella de cinco puntas. 

La palabra Pantáculo , etimológicamente hablando, deriva del vocablo griego panta, que significa así “el todo” y según el martinista Adolphe Desbarolles, esta palabra proviene del latín pantaculum, que significa “aquello que lo contiene todo”. 

Del mismo modo, Papus señala que la palabra Pantáculo es un “diagrama del conjunto, que resume, pues en un solo símbolo, una riqueza de significados” y Estanislao de Guaita compartió así la interpretación de Papus, ya que consideraba tal símbolo como el resumen jeroglífico de una doctrina completa.

Al observar el Pantáculo podemos ver que está formado por varios elementos, o sea, que a primera vista, se puede distinguir inmediatamente la estrella de seis puntas, formada claramente por la intersección de dos triángulos y luego, se observa que estos triángulos están contenidos en un hexagrama, el cual está inscrito en un círculo. 

Estos diversos elementos, los dos triángulos que se cruzan, el hexagrama, el círculo y la cruz, pertenecen a una simbología universal; por lo tanto, podríamos sentirnos tentados a consultar lo que cada tradición así tiene que decirnos sobre estos símbolos, para poder comprender claramente el significado del Pantáculo Martinista. 

Sin embargo, esto resultaría ser un error, puesto que para descubrir el verdadero simbolismo, debemos prestar atención al significado que nuestra tradición atribuye a estos diferentes símbolos.

Fue Papus quien, cuando creó la Orden Martinista, eligió el Pantáculo para simbolizar el Martinismo y de hecho, sólo utilizó los símbolos esenciales de la Orden de Elus-Cohen, fundada pues en el siglo XVIII por Martinès de Pasqually. 

Para Pasqually y sus discípulos, el Pantáculo tenía un significado muy preciso, puesto que así representaba la Creación Universal, el mundo material, diseñado pues para servir de lugar de exilio pues a los seres que se alejaban de Dios, cayendo al Abismo. 

A sus ojos, también simbolizaba el lugar que ocupó la humanidad al inicio de la Creación, así como el del camino que debemos seguir para recuperar nuestra posición, mientras trabajamos para buscar así nuestra propia Reintegración y la de todos los seres. 

El propio Louis-Claude de Saint-Martin abordó el simbolismo del Pantáculo en muchos de sus escritos, particularmente en El cuadro natural y Los números. Basado en el Pantáculo dibujado por San Martín en su obra Los Números, Papus concibió el Pantáculo que se convertiría en el símbolo de la Orden Martinista.

En el Pantáculo, el círculo representa el límite de la Creación, pues de hecho, cuando resulta que el círculo se representa sin el punto que marca su centro, ya no simboliza la Inmensidad Divina, sino que el Eje del Fuego Divino, que rodea el mundo de la materia, es decir, el mundo en el que ya no estamos.

Se puede sentir el Centro Divino, de donde emana y además, es su radio el que permite dividir el círculo en seis partes iguales, produciendo así un hexagrama perfecto. 

Es interesante observar que, en el libro De los errores y de la verdad, Louis Claude de Saint Martin pues se esfuerza por mostrar que el radio del círculo proporciona así la estructura básica de los dos triángulos del Pantáculo, que forman la estrella de seis puntas.

Louis-Claude de Saint-Martin, al igual que Martinès de Pasqually, vio el hexagrama como el símbolo de los Seis Días de la Creación y además, resulta que el número seis también está simbolizado así por dos triángulos entrelazados. 

En el Pantáculo, ambos triángulos representan la creación del mundo material por parte de la Divinidad, quien, para ello, integró el triple poder de Pensamiento, Voluntad y Acción, junto con el trabajo del azufre, la sal y el mercurio. Los espíritus, cuya misión inicial era producir materia, produjeron estas tres esencias.

En su libro Números, Louis-Claude de Saint-Martin afirmó: “el triángulo superior junto con el triángulo inferior, reaccionando entre sí, manifiestan vida”. Y añade después: “Así surgió el Hombre Cuaternario”, siendo representado por la cruz encontrada en el Pantáculo. 

El centro de la cruz coincide con el centro del círculo, y sus cuatro brazos rresulta que van más allá de los límites fijados por los dos triángulos, para finalmente regresar al círculo. 

Esto significa que el Hombre Cuaternario, también llamado Cuaternario Menor, fue colocado en el centro de la Creación, no sólo para dirigirla, sino también para trabajar hacia la Reintegración. 

Esta doble misión constituye lo que el Filósofo Desconocido llama “la primera religión de la humanidad”, a través de la cual “debemos seguir pasando nuestra mirada de Este a Oeste, de Norte a Sur”. 

De hecho, Saint-Martin considera a la humanidad como “un ser continuamente saturado de Dios, pero en el que Dios ya no manifiesta su Divinidad”, o mejor dicho, en ninguna parte de la Creación.

En el martinismo, la cruz no simboliza la idea de muerte, como es común en el cristianismo, o sea, sino que Martinès de Pasqually, Louis-Claude de Saint-Martin y Jean-Baptiste Willermoz lo llamaron entonces el Receptáculo porque vieron en su forma la idea de radiación, tomando como fuente un punto invisible y luego extendiéndolo en todas las direcciones del espacio. 

Según ellos, en un principio, el Hombre Primordial estaba destinado a recibir la Energía Divina que resulta emanaba del centro invisible de la Creación, para luego ser transmitida a todo el universo. 

En todas las iniciaciones creadas por Martinès de Pasqually, cuyo objetivo era revivir simbólicamente las diferentes etapas de la historia humana, los candidatos eran colocados tumbados en el centro de un gran Pantáculo dibujado en el suelo, con los brazos abiertos en forma de cruz.

Mientras estaban en esta posición, estaban cubiertos con tres piezas de tela superpuestas: una negra, una roja y una blanca, pues en una de esas iniciaciones se añadieron dos trozos de tela blanca para formar así una cruz sobre sus cuerpos que se llamó el Receptáculo.

Según el Tratado sobre la Reintegración de los Seres, el Cuaternario Menor, Adán, fue colocado pues en el centro de la Creación para dirigirla; sin embargo, no pudo cumplir su misión, o sea, habiendo caído el primer Adán; fue el Segundo Adán, el Cristo, quien fue convocado a ocupar este lugar central. 

Sin embargo, en su Tratado sobre las dos naturalezas , Jean-Baptiste Willermoz indica que, si la misión de Cristo le exigía pasar por la cruz, era para recordarnos nuestra condición original. 

Según Willermoz, “Esta cruz, que divide figurativamente, con sus cuatro brazos, las cuatro partes del espacio creado, nos recuerda, de manera clara, las cuatro regiones celestes que constituyeron el primer dominio de la humanidad en su estado de pureza e inocencia. . Su centro, donde murió el Divino Reparador, recuerda el paraíso terrenal, que fue sede de nuestra gloria y dominio”. 

Teniendo en cuenta esto, para Jean-Baptiste Willermoz, así como para Louis-Claude de Saint-Martin, la cruz simboliza la Redención e indica el camino que la humanidad debe seguir para recuperar su lugar original.

El símbolo SI está representado por una cruz, flanqueada por las letras “S” e “I”, y por dos grupos de tres puntos y en lo que respecta a la Tradición Martinista, este símbolo tan significativo representa el dominio al que aspira el Iniciado, la Maestría que un día nos convertirá en verdaderos Superiores Desconocidos.

Habiendo arrancado el velo oscuro de la ignorancia que oscurece nuestra misión, nos convertiremos en la Humanidad Divina en la Tierra, y una vez más dirigiremos la Creación, representada claramente por estos seis puntos y a partir de ese momento, el círculo ya no limitará la radiación de nuestras acciones, sino que abarcará el Todo.

Para alcanzar esta Maestría, debemos comenzar por acudir a Cristo, quien desde la caída de Adán, ocupa el centro de toda la creación, o sea, que de esta manera, para Louis-Claude de Saint-Martin, Cristo es el mediador, el centro invisible al que podemos conectarnos para conocer la regeneración. 

Así como la rosa en el centro de la cruz, Cristo se encuentra en nuestro corazón como la fuente de la que podemos beber para regenerarnos y por eso el Filósofo Desconocido insistió con tanta fuerza pues en la necesidad de profundizar continuamente en lo más profundo de nuestro ser interior para extraer la “raíz dadora de vida, porque entonces todos los frutos que debemos manifestar, según nuestra especie, serán «Esto es, para Louis-Claude de Saint-Martin, la verdadera iniciación, que nuevamente nos convierte en un Receptáculo de lo Divino.

El Pantáculo traduce una expresión del Todo, o sea, representa no sólo el proceso por el cual la Divinidad dio origen a la Creación, sino también el lugar de la humanidad en la creación y el camino que debemos seguir para regenerarnos mientras trabajamos hacia la Reintegración de todos los seres. 

Precisamente por eso el esplendor de este símbolo “da ayuda y apoyo al ojo entrenado del Iniciado en la búsqueda de los misterios perdidos” y naturalmente, se pueden extraer otras enseñanzas del Pamtáculo a través de la meditación y en el silencio de tu corazón.

Fuente: https://filosofosdesconhecidos-com-br.translate.goog/textos-e-ensaios/o-simbolismo-do-pantaculo/?_x_tr_sch=http&_x_tr_sl=pt&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=sc

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